Cinco nuevos nodos en la Red Española de Supercomputación

Desde la semana pasada, cinco nuevos nodos se han unido a la Red Española de Supercomputación: Finis Terrae II, del Centro de Supercomputación de Galicia (CESGA); Pirineus, del Consorcio de Servicios Universitarios de Cataluña (CSUC); Lusitania, de la Fundación Computación y Tecnologías Avanzadas de Extremadura; Caléndula, del Centro de Supercomputación de Castilla y León, y Cibeles, de la Universidad Autónoma de Madrid.

Cinco nuevos nodos conectados a la Red Española de Supercomputación
Supercomputador. Fotografía de LeRoy N. Sanchez.

La semana pasada, el Consejo de la Red Española de Supercomputación –presidido por el Ministerio de Economía y Competitividad– aprobó la incorporación de los cinco nuevos nodos a la red.

La Red Española de Supercomputación (RES) se creó en 2007 para hacer frente a las necesidades de supercomputación de los distintos grupos de investigación en el territorio nacional. RES se gestiona de forma centralizada desde el Centro Nacional de Supercomputación (Barcelona Supercomputing Center) y está dirigida fundamentalmente a la comunidad científica.

Los cinco nuevos nodos se unen a los supercomputadores MareNostrum 3, MinoTauro y Altix del BSC-CNS; Magerit 2, del Centro de Supercomputación y Visualización de Madrid de la Universidad Politécnica de Madrid; LaPalma 2, del Instituto de Astrofísica de Canarias; Altamira 2, de la Universidad de Cantabria; Picasso 2, de la Universidad de Málaga; Tirant 2, de la Universidad de Valencia; CaesarAugusta 2, del Instituto de Biocomputación y Física de Sistemas Complejos de la Universidad de Zaragoza, y Atlante, del Instituto Tecnológico de Canarias.

Además de esta decisión, el Consejo aprobó también la suscripción de un convenio multilateral de todas las entidades que participan en la Red, con el objetivo de mejorar la operatividad. Se pretende así ofrecer un servicio optimizado y unificado a todos los usuarios de la supercomputación en España. Para ello, los distintos centros cederán parte de sus recursos a un Comité de Acceso independiente que los gestionará y evaluará las necesidades reales de supercomputación de los interesados.

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